Un museo de murales

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Queremos llamar la atención y ahondar en lo que esconde el centro: una serie de vestigios y señales de las motivaciones artísticas que nos precedieron. Invitamos a caminar el catálogo que aquí presentamos, a tomarse una selfie, a tuitear la visita a estos murales.

Fotos: Giovanni Rengifo

Acertó el historiador Sebastián Martínez en nuestra edición anterior de Ciudad Cultural dedicada a revisar el tema patrimonial de la ciudad, cuando señalaba que uno de sus atributos consiste en el trazado de las manzanas que configuran el centro. Lo que tenemos es resultado de un diseño republicano yuxtapuesto como una calcomanía sobre los vestigios coloniales del antiguo Cartago: dando lugar a esta gran retícula con sus respectivos parques que actúan de ambientes y referentes de nuestra vida cotidiana provinciana.

Más acá, queremos llamar la atención y ahondar en lo que esconde el centro: una serie de vestigios y señales de las motivaciones artísticas que nos precedieron, que todavía gritan un contenido oportuno y que, por qué no, dan para elevarse a atractivo turístico.

Génesis de los murales

Ahora que acabamos de celebrar el Día Mundial del Turismo y que para la ocasión los catálogos de atractivos se enfocan en el ‘paisaje cultural cafetero’ con su turismo de naturaleza y de aventura, no se nos puede olvidar que lo primero que busca el turista informado es repasar los hitos del centro de la ciudad. Por eso habrá que indicarle un recorrido por aquellos murales, los cuales fueron no sólo de utilidad para representar valores fundacionales o gestas generacionales a cargo de ciertas castas, sino también una manera de didáctica del proselitismo de ideas de izquierda, o en el menor de los casos, de valores comunitarios que muy seguramente el turista informado sabrá entender y poner en contexto.

Invitamos a caminar el catálogo que aquí presentamos, a tomarse una selfie, a tuitear la visita a estos murales, pero advertimos que nuestro inventario está incompleto, ya que tres de los más valiosos se encuentran en lugares privados cuyos administrativos nos impidieron fotografiarlos, haciendo gala de una desconexión entre el público y un bien patrimonial que le pertenece es a la ciudad. Nos referimos a los dos frescos de Lucy Tejada: ‘Beneficio del Café’ ubicado en la entidad financiera Davivienda de la Calle 18 con Octava, y ‘Guaca Pobre Guaca Rica’ en la Agencia Cultural del Banco de la República en la Calle 18 bis con Novena; y al mosaico de la antigua fábrica de bebidas Postobón de la Carrera Séptima entre calles 34 y 35, de autor desconocido (pues no es de Tejadita como alguien había desinformado), quienes en los tres casos argumentaron protocolos de seguridad y se mostraron dilatorios.

Los hallazgos

Mural de Arenas Betancur: mutilado con la última reforma del edificio del antiguo Seguro Social tras el sismo; y que tomaría nueva vida con la llegada de otra clínica especializada. De todos modos, casi nadie lo ve, el peatón afanado y acosado por sus preocupaciones íntimas es, con justeza, indiferente a los discursos de la gesta de las instituciones públicas de mediados del siglo pasado. Pero algo conserva este mosaico de sus figuras llenas de expresión y altanería. Merece reubicarse, así sea al utópico museo Arenas Betancur que muchos siguen soñando.

Mural de Rayo: descolorido, y aún más, en administraciones anteriores del Centro Comercial Fiducentro, en cuya ágora se ubica el fresco, por hacer bonito hicieron feo y se les ocurrió ‘retocarlo’, alterando los efectos de luz originales tan propios de la pintura del fallecido artista valluno. Por eso, en su última visita a Pereira semanas antes de morir, Rayo no lo quiso visitar.

Mural de Lucy en el Parque de la Libertad: de lejos el segundo mejor parque de la ciudad después del Olaya, el más arborizado, pero el más deteriorado por la indigencia y la prostitución. Sería el parque ideal para que nuestros visitantes se fumaran un tabaquito frente al mural y se enteraran de que Pereira, al igual que México, tuvo un discurso muralista identificado con las doctrinas de izquierda y las luchas populares.

Tríptico de Lucy en el Club Rialto: está muy deteriorado, urge su traslado. Es un mural lleno de alusiones y gestos, la masonería, la ciudad prodigio, en el que la artista pereirana plasmó todo su agradecimiento cuando retornó de Europa en difíciles condiciones y con sus pequeños hijos.

El de Tejadita en la Plaza de Bolívar: se  robaron el pedazo donde estaba la firma, es un rincón lleno de encanto, patrimonio de los loteros que alimentan la fe en la suerte de los compradores de billetes. La figura central del mosaico se convirtió en referente gracias al diseño elaborado por Édgar Velasco quien la fusiló para la imagen publicitaria de las recientes Fiestas de la Cosecha (¿Es que sí ve que los murales siguen sirviendo para algo?).

Al paso, una precisión: Pereira no ha logrado darle dignidad a los murales de los hermanos Tejada como sí se los dio Cali a los murales de estos artistas que engalanan diversos referentes históricos de esa ciudad.

Casa de Jacinto Ilián: es una curiosidad del muralismo interiorista; de casa familiar. El edificio pasó a albergar una notaría y hoy está a la espera de un nuevo arrendador que sepa aprovechar los inigualables espacios que ofrece la arquitectura vieja (moderna); al igual que el de la antigua fábrica de bebidas de Postobón en la Carrera Séptima entre calles 34 y 35, éste es un mosaico con siluetas planas pero coloridas, que bien aluden a esos móviles de las figuras de Miró, presentes en muchos elementos gráficos de mediados del siglo XX.

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Que entre el diablo y escoja

Dejamos a los estetas definir si el siguiente repertorio de murales, en  diversas técnicas, situados tanto en lugares públicos como privados, pueden hacer parte del canon; de ser así, podría aumentar el inventario y por tanto tendríamos más pretextos para hacer pasear a nuestros turistas, que tomen más tinto y jugo, que coman más y que al paso compren más en nuestro maravilloso centro comercial a cielos abiertos:  ‘Anhelo de Paz’ de Aníbal Gil (Carrera 8 con Calle 21); ‘Bestiario Geométrico de la Fauna Americana’ y ‘Hombre de la Calle’, ambos del finado Negro Mejía, situados en la Octava con 16 y en Sanandresito respectivamente; y los frescos post-punk de Ricardo Muñoz Izquierdo en diversos sectores residuales de la ciudad.

Para el recorrido.

‘Tributo a los Estudiantes’, Lucy Tejada. 1957. Carrera Séptima con Calle 13, Parque de La Libertad.

 

‘La Alegría de Aprender'(tríptico), Lucy Tejada. 1957. Carrera Séptima con Calle 17, Edificio Antiguo Club Rialto.

 

‘La Siembra del Maíz’, Hernando Tejada, 1958. Calle de la Fundación entre Séptima y Octava, Edificio Santiago Londoño.

 

‘Campesino y Seguridad Social’, Rodrigo Arenas Betancur. 1961. Carrera Sexta con Calle 20 esquina.

 

‘Por los Caminos del Otún’, Ómar Rayo. 1986. Centro Comercial Fiducentro, Carreras 12 y 13 con Calles 18 y de La Fundación.

 

Mural casa de Jacinto Ilián, autor y fecha desconocidos. Calle 17 o ‘de los turcos’ con Carreras Séptima y Octava.