Serranía: de parranda por el campo.

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Conversaciones con Edwin Hoyos Osorio, cantante, compositor y uno de los fundadores del grupo Serranía.

 

Por: Ángela María Molina Castaño

Maestra en Estudios Culturales de la Universidad Nacional de Colombia, investigadora y gestora cultural.

 

Un tocadiscos, las canciones de Gildardo Montoya, Bovea y sus vallenatos, Guillermo Buitrago, Joaquín Bedoya y muchos otros artistas populares reafirmaron en Edwin Hoyos y Daniel Cardona la convicción de que las músicas campesinas se hicieron para sentirlas, para gozarlas, para vivirlas.

Su primer grupo de música parrandera no tuvo nombre al principio, fue algo que surgió espontáneamente, cobró fuerza en las fiestas decembrinas y contó con la acogida de familiares y amigos. Jorge Mario “Pocholo”, un amigo en común, los bautizó como “La Parrandoski”. En esta etapa los acompañó Don Benjamín Cardona, papá de Daniel y reconocido tiplista de la región, también estuvo con ellos Carlos (un estudiante de Don Benjamín). Comenzaron montando temas de Gildardo Montoya, luego le metieron son cubano y otros ritmos. Con las innovaciones y con el paso del  tiempo cada uno de los integrantes del grupo se fue perfilando de acuerdo a sus intereses personales y fue así como el proyecto se disolvió y surgió Yambelé, en esta ocasión se les unió Ricardo Ramírez, otro apasionado músico pereirano.

Yambelé nació en Medellín, fue una propuesta que recogía la magia y riqueza sonora del caribe colombiano. Gaitas, tamboras, pitos atravesados y guacharacas fueron los encargados de seducir con la música tradicional a este par de amigos. Cuando decidieron regresar a Pereira, quisieron traerse consigo lo aprendido, se inscribieron en la licenciatura de Etnoeducación en la Universidad Tecnológica de Pereira y desde allí se vincularon al grupo de danzas de esta institución. Gracias a su experiencia previa estaban convencidos que para bailar cualquier cosa primero había que investigar su música. Le propusieron de inmediato al coreógrafo del grupo montar bailes de parranda campesina pues a su juicio no había otro ritmo tan representativo de la región como éste.  Con relación a la importancia de investigar las músicas tradicionales dice Edwin: “En Colombia las músicas tradicionales surgieron para bailarse, no para escucharse. Todas, pa’ los llanos, pa’ las costas, pa’ donde usted se vaya, todas las músicas tradicionales surgieron pa’ bailarse, entonces en esencia los grupos de danzas tradicionales deberían investigar primero sobre las músicas y seguramente lo que se van a encontrar es cómo se bailan.”

Su afición por la música campesina los llevó a escuchar con avidez todo lo que se les cruzaba por el camino, les llegaban cosas muy particulares, todo acrecentaba su interés. Entonces Daniel se consiguió un requinto que estaba refundido en los anaqueles del Ballet de Antioquia, lo restauró y se puso a ensayar música carranguera, mientras tanto Edwin se aprendía las letras y empezaron a montar temas de Jorge Velosa, Jacinto y sus Hermanos Amados, Los hermanos Cárdenas, Camposonoro, entre otros. Así fueron transitando por la inmensa variedad de tonadas campesinas, ese fue su primer laboratorio de investigación.

De la mano del investigador en músicas populares de Antioquia y Viejo Caldas,  Alberto Burgos Herrera, descubrieron que los orígenes de esta música iban más allá de la región y del mismo país. Irrigada por las costas, los llanos, la cordillera, el altiplano y la sabana, conectándose de manera sentida con ritmos panamericanos como la cumbia, el vallenato, el tango y la ranchera, la parranda surge como una especie de sincretismo cultural, que toma, apropia, recrea y sintetiza la diversidad musical de Colombia, da cuenta de nuestra ancestral vocación campesina y se proyecta como un escenario de expresión donde “lo popular” no sólo tiene la palabra si no que es artífice de su creación. Burgos Herrera les permitió acercarse de otra forma a la historia de la parranda. Así, su interés por las biografías de intérpretes y compositores, más allá de lo técnico o lo académico se explica en la creencia de que la música es ante todo una vivencia. “…cuando uno como músico está metido en este cuento, las cosas técnicas no son como tan importantes, las biografías son mucho más importantes porque allí los autores, los compositores hablan de sus vidas y hay una cantidad de anécdotas muy bonitas.”, explica Edwin Hoyos.

De esta forma Daniel y Edwin, amigos eternos, con esa complicidad que sólo es posible entre músicos, decidieron dedicar su vida a la investigación, proyección y valoración de las músicas populares. Fue con este propósito que nació Serranía, nutriéndose de manera poderosa de toda la trayectoria y conocimiento acumulado por varios músicos que venían de participar en proyectos muy significativos.  Fue el flautista Mauricio Salazar, uno de sus primeros integrantes, quien le puso el nombre a la agrupación. Todos coincidieron con la idea de que en el nuevo proyecto confluía a manera de “serranía” una gran riqueza humana, representada en el talento y la experiencia de cada uno de sus miembros. “Digamos que con el nombre le dio al clavo, él conocía el proyecto Yambelé y toda esa riqueza que había allí, donde el aporte de cada uno lo que hacía era convertir al grupo en una Serranía, unos personajes que, durante aproximadamente 20 años, habían querido rescatar, mantener y difundir las músicas tradicionales, darles el valor que se les debería dar.”

Actualmente el grupo está conformado por Darío Franco, Orlando Cortez, Daniel Orozco, Daniel Cardona y Edwin Hoyos; y aunque interpretan muchas de las más reconocidas canciones de parranda, se han esforzado porque el grueso de su trabajo sean composiciones originales, inspiradas en la cotidianidad del campo y en los valores más íntimos de este tipo de vida. Les gusta cantar historias, les gusta que se bailen sus canciones, su mayor alegría es conectarse con la gente y llevar un mensaje que resignifique el valor del campesino y su trabajo. La creación es un proceso colectivo, la mayoría de las letras son escritas por Edwin Hoyos, Daniel Cardona compone la música y Darío Franco, Daniel Orozco y Orlando Cortez apoyan en los arreglos y la interpretación. Cada uno hace su parte con mística y dedicación, con el convencimiento de aportar en la revalorización del oficio y espíritu del campesino. Cuando Edwin Hoyos describe cómo ha sido el camino para formar a Serranía es enfático en que ha sido fruto de una búsqueda profunda, íntima y colectiva: “Anduvimos como en una cosa, como que no sabíamos qué queríamos hacer, son cubano, gaitas, tamboras, tantas cosas pero finalmente todo se aclaró: hay que hacerle música al campo, no hay otra, es lo que hay que hacer.”

Comunicarse, definir juntos los temas que se abordan en las canciones y la manera como se interpretan,  ha sido su mayor fortaleza. Para Edwin la música hay que sentirla primero, no es posible componer de otra manera: “Siempre me he considerado una persona muy intuitiva, nunca me he dejado llevar solo por mi pensamiento sino también por lo que siento. No logro consolidar nada cuando solamente lo pienso, tengo que sentirlo. Cuando me pongo a componer una canción sobre algún tema si me pongo a pensarlo, no me sale. Las melodías me llegan de un momento a otro, entonces, cojo la guitarra y empiezo a cantar, y ahí se va todo. Así funciona. Por ejemplo, con “El gusto del campesino” que fue el primer tema que compuse, no pensé en escribirle al campesino, lo juro que no lo pensé, fue algo que estaba en mí, de niño viví en el campo, sé lo que significa ser campesino en este país. Por la historia que conozco, sé por todo lo duro que ha pasado el campesinado en Colombia. Entonces es una sensibilidad que hay allí muy profunda, siempre pensando en que hay que revivir los valores del campo, el amor por la tierra, por el cuidado del medio ambiente, los árboles, la fauna, la flora; trabajar para que la concepción de éxito sea favorable a su entorno y no sea la noción que venden los medios de comunicación donde el progreso está únicamente en la ciudad, dejando al campo sin posibilidades.”

Con las letras de sus canciones han tratado de enviarle un mensaje de optimismo a los  campesinos, resaltando su importancia para el país y para la vida misma. Esa es la tarea en la que está comprometido cada uno de los integrantes del grupo Serranía y es por esto que desde sus inicios han tratado de vincularse y promover espacios de encuentro con las comunidades rurales. No es raro verlos participando en festivales de música popular o visitando pueblos del eje cafetero. Han trabajado en estrecha colaboración con destacados representantes de este género musical. Reconocen en los músicos campesinos más que colegas a maestros. Este respeto les ha valido una amistad entrañable con muchos de ellos: Los Dinámicos del Rocío (Pueblo Rico), Juan “El parrandero” (Pereira), el Maestro Rubiel Pinillo y Los Parranderos de La Florida (Pereira), el Maestro Crema (El Cairo, Valle) y Los Alegres del Campo (Pijao, Quindío), por mencionar algunos.

Su objetivo ha sido sensibilizar a la mayor cantidad de gente posible, independientemente de su origen o condición social, piensan que todos debemos aprender a respetar a los campesinos, darles un trato digno y hacerles sentir lo valiosos que son.

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