Quinientas palabras

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Ilustración: Juanita Blandón

Ilustración portada: Juanita Blandón

Hay gente que no puede soportar un momento de silencio. Y hay otros, como el croni, que son la mera oreja cuando la espiral de un cuento se levanta. Algunas veces el destino los acerca y en 10 minutos alguién del tipo 1 cuenta su vida a alguien del tipo 2. Lamentablemente el croni no puede volcar todo el relato en este reducto de papel, sólo el inicio, quedando en ascuas la gran minoría de sus lectores, quienes podrán ver la versión completa en pantalla.

La señora le pregunta: ¿usté es el papá de las niñas que viven en San Judas? Y el croni: que no, y ella: ¡ah vea pues! se me pareció al papá de las peladitas con las que mantiene mi hija. Porque a mí me toca dejarla allá con una familia. Aunque yo tengo en Santa Rosa una piecita, allá no tengo que pagar arriendo; sólo el mero gas, agua, luz y el cable unión… Pero mire, yo andaba en estos días por Dosquebradas, y llega una viejita y la reconocí: Era la mamá del papá de mis hijos, con el que nos dejamos hace cinco años por que él empezó a güeler, y dele con eso y yo le dije: ¡Eso o yo! y decidió que se quedaba güeliendo y yo entonces me le abrí con los niños…(respire aquí) Pasaron años sin saber de él y me encuentro con ella que fue mi suegra, toda enferma, orinada, y se me tira esa señora a los pies y a llorar, que le ayude que ella está viviendo en una pieza en Pereira y muy aburrida, que porque le roban y que está enferma de unas bolas que le salen; y yo viendo eso ¿cómo no le ayudo? y vea que me le puse a la pata a ayudar a la viejita que se le había perdido la cédula y haga fila pa sacar contraseña, y que se le robaron el carné del sisben y haga fila pa un duplicado y luego citas, y vea que de tanto voltiar ya le conseguí la orden y le van a hacer 3 cirugías distintas a la viejita…(respire aquí) Y en esas la señora me pregunta si es que yo tengo por ahí el teléfono del hijo, y yo que sí, entonces ella llorando ¡que lo llame! y yo… ¿será? Y al fin lo llamé, y que dónde estaba, le dije, y él que en una finca, y yo que se venga que su mamá está muy enferma y está llorando que lo quiere ver, y él que no tiene pal bus, y ella me dice que le diga que preste, que ella en Pereira le paga ¡y se deja venir el hombre pa Pereira! Y cuando me vió me dice que volvamos, que vuelva con él. Y yo que no sabía qué decirle (respire aquí) y al fin le dije pues, yo vuelvo con usté pero eso sí me jura por Diosantísimo que no vuelve a güeler…

Ilustración: Juanita Blandón
Ilustración: Juanita Blandón

y si usté vuelve a eso me vuelvo a ir y no me vuelve a ver. Y él que sí, que bueno. Y entonces me subí pa Santa Rosa y saqué los niños del colegio y me bajé con el trasteíto. Y como también la señora me dijo que me venga a vivir con ella en la piecita para que la pueda cuidar y yo de pesar le dije que sí. Y vea pues que todos en esa pieza y yo cuide a esa viejita y el hombre estuvo unos días como juicioso pero a los diítas volvió con lo mismo, con lo mismo y que trabaja todo un día voliando pala, llenando volquetas y no se le ve un peso de la plata pa la casa. (respire aquí) Yo le pido y a veces deja y yo compro que un kilo de arroz y un kilo de esa carne molida que es más barata. Pero muchas veces los niños se van sin tragos tomar siquiera pal colegio a estudiar y el pa no darles nada se hace el dormido. Y un día yo le reclamé y le dije, que porque no les da nada si trabajó ayer, y él me dice que no tiene un peso y se va pa la calle y vuelve a media noche. Entonces yo no tengo vida con ese hombre y me estoy devolviendo poco a poco para la piecita que tengo en Santa Rosa, que al fin y al cabo no hay como lo diuno. (respire aquí) Y vea quél tiene el vicio de robarse los documentos, como hacen en las cárceles, porque vea, ese hombre no puede ver nada por ahí mal puesto porque ahí mismito se lo va llevando y todito es pa eso. Entonces en estos días yo llegué a la casa y yo tenía mi cédula y las tarjetas de identidad de mis niños en una cajita y también el carnet de familias en acción, y ahí me tiene pues poniendo la pieza patas arriba buscando esos papeles y nada y nada, y le dije a él, que donde estaban los papeles, porque él desde antes ya hacía eso, hace muchos años, se me robaba los documentos. Y ahora me va a tocar ir a Manizales para recuperar mi cédula y a Supía para las tarjetas de identidad de mis hijos y todo. Pero ya es mejor dar eso por perdido. Y cuando yo le alegué por los papeles la vieja se metió a defenderlo y yo le dije la verdad: que si lo defiende tanto quédese con él (respire aquí). Pero que se defienda como pueda con esa señora que de todos modos es la mamá o ni tanto, porque sabe que, una vez que estábamos en una finca, yo los ví por allá como escondidos a ellos dos haciendo eso, y yo no lo podía creer y me escondí y después un día yo le pregunté a ella que si de verdad ella era la mamá de él, y ella me dijo que sí, que él si era el hijo de ella, sino que desde que él era chiquito ella era como obsesionada con él, como que no lo podía ver con una niña de la edad de él porque la cogían unos celos horribles y que ella un día se fue pa donde una bruja y que ella le dio unas gotas que se las tenía que dar al niño en ayunas y que dándole ese al niño no le iba provocar irse con ninguna otra. Y que ella le dio eso al niño y el niño se le pegó fue a ella, pero que con el tiempo se brotó todo, con unas bolas horribles llenas de pus que le salían por toda la piel, pero que ellos sí habían estado juntos varias veces como hombre y mujer, hasta que un día llegué yo y se lo quité, cosa que a ella le dolió mucho. Pero vea pues como es la vida que yo me lo llevé y ahora se lo traje de regreso pa que le aproveche, y ahí se lo dejo… (respire aquí)

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