¿Quién es el funambulista de Cofradía Danza?

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Fotografía: Celine Billard

Con un taller sobre La organicidad del actor, una función en la que se descubre el halo espiritual del arte y un Jam de cierre, la compañía pereirana Cofradía Danza y Teatro Experimental celebra sus 10 años en escena.

Fotografía: Celine Billard
Fotografía: Celine Billard

Una imagen, quizás la más bella que recordemos en el cine, la literatura o la pintura. Un joven de dieciocho años con su cuerpo sublime de acróbata flota en el aire apoyado sobre un hilo de alambre. Se enfrenta al abismo, mientras realiza sus peripecias: un flic, algunos flacs, volantines, corvetas, saltos mortales y volteretas. Los proyectores de luz siguen sus pasos danzantes. La multitud de rostros atónitos lo juzga y espera su caída.

 

Este es el argumento de la adaptación La Oración fúnebre del Funámbulo que se presentará el viernes 4 de noviembre en el teatro Juan María Marulanda a las 7:30 pm, realizada por Cofradía Danza y Teatro Experimental a partir de la obra El Funámbulo de Jean Genet, un poema epistolar que el dramaturgo francés le escribe a su amante, el equilibrista Abdallah Bentaga, después de que se entera de su suicidio.

 

¿Qué es el amor si no un espejo en el que veo reflejados mis propios ojos? ¡Es narciso quien baila!, dice la dramaturgia.

 

La soledad mortal que acompaña a este acróbata a ocho o diez metros de suelo, fue muy bien entendida por Genet, quien a su vez había sufrido el aislamiento al que se ve expuesto el artista moderno, y por qué no, postmoderno, durante su proceso creativo. “Esa región desesperada y resplandeciente donde trabaja el artista”, diría Genet.

 

El arduo entrenamiento, la rigurosa exactitud, la confrontación con la crueldad, la exquisita cortesía, la tristeza instalada en la mirada, el no lugar y el desprecio por el dinero, son algunos de los puntos de encuentro que comparten los artistas itinerantes con los de escritorio. Tal vez sean estas la razones por las cuales desde los tiempos de Flaubert o de Picasso, la imagen del artista se ha visto representada en los saltimbanquis o intérpretes de circo, en una dimensión “hiperbólica deformante”, como la llama Carlos Rincón, en una especie de caricatura sarcástica y a la vez dolorosa que recrea el destino de intelectuales y creadores.

 

¿Qué es el funambulista entonces, si no la proyección de la vida literaria de Jean Genet?

 

Rincón también habla de “La igualdad entre artistas de circo y los ángeles como protos poético”, una metamorfosis bastante explotada en el cine en películas como La Strada de Federico Fellini y El cielo sobre Berlín de Win Wenders.

 

Genet le advierte a su funambulista: “asegúrate de morir antes de aparecer y que sea un muerto quien baile en el alambre”. Es la figuración del ángel artista como ser etéreo que se resiste a la gravedad y al peso del mundo. ¿No es acaso el ángel la metáfora de las preocupaciones modernas del artista?

 

Lo inconsciente tuvo un papel determinante a la hora de elegir este texto por parte de los fundadores de Cofradía Danza; Wilson Granada (interprete), Fredy Yate (director) y Juana Valencia (productora), para celebrar el reencuentro de los tres en escena y los diez años de la compañía. Pues “performar” se ha convertido para ellos en un tipo de equilibrismo sin red, de tomar calles y plazas, de no pertenecer a ningún lugar ni categoría, de hacer acrobacias en medio de las incertidumbres del arte pereirano, de saltos interdisciplinarios entre el teatro, la danza, las artes plásticas, el video, la literatura y el transformismo.

 

¿Quién es el funambulista de Cofradía Danza si no el retrato de sí mismos? ¿No es acaso el teatro siempre un espejo simétrico de la realidad?

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