El arte de pretender

Compartir
Ilustración: Juanita Blandón

Ilustración portada: Juanita Blandón

El croni paró en el semáforo y pilló que allí sobre la cebra había un saltimbanqui argentino, haciendo malabares con fuego y hablando con su mina en un típico slang propio del arte “semaforil” del cono sur. Tomó nota del rostro y la ropa parecía indicar el desgaste causado por una larga travesía. Puso una moneda en la mano tiznada y pensó que si alguna vez podía hablar con el viajero le preguntaría algunas cosas y escribiría una crónica para este periódico. Unos meses después la vida fue pródiga cuando en la banca trasera de una buseta produjo el encuentro entre el malabarista y el croni. El muchacho se llama Jonatán y vive en Santa Rosa con su mamá. Es de acá pues, y aunque ha viajado con varios circos se ha retirado de ellos por la exigencia disciplinaria que le ha resultado excesiva. Es un pibe argentino en el semáforo y un parcero en la buseta… esto es todo acerca de él.

Pero hace poco estaba el croni comiendo fríjoles en un restaurantico de la 16 que no se puede mencionar pues no han pagado la pauta, y entonces entró un muchacho que hablando como sureño dijo que iba a “interpretar para todos ustedes unos temitas andinos de América del Sur”, el croni sabía por un encuentro previo en La Pradera que aquel muchacho que hablaba con la fingida timidez de un ecuatoriano o la taimada tristura de un boliviano era nativo de Dosquebradas. Toca muy bien la zampoña y el charango, es hábil con el sonido como lo es con el fuego, el del semáforo. Ninguno de los dos muchachos tendría la necesidad de fingirse un origen lejano, si se valorase un poco mejor lo que se tiene al lado.

Hasta aquí lo referente a los muchachos. Dos viñetas con las que el croni tal vez pretendió sacar una sonrisa a uno de esos tipos que escriben imaginando que son Borges, y al terminar de escribir no saben si son ellos o fue aquel el autor de esa página. ¿Será ese encanto del sur, será ese encanto del norte o de cualquier dirección que no sea el centro lo que nos lleva a una vulgar pero eficiente pretensión? El mismo croni, y no me perdonará que lo confiese, que ha logrado algunas veces pasarse de original no es más que el pastiche vano de algún Fernández, de algún González, o la tenue sombra de aquel Tejada que tanto daba en sus crónicas para pensar la zanahoria, llorar la pérdida de la cola y descoserse de la risa por su amor a la locomotora.

El mismo croni ha escrito en un linde de estas hojas acerca del arte de pretender: “Si yo fuera mujer me gustaría ser Marilyn Monroe, si fuera Marilyn Monroe me gustaría ser presidente de los Estados Unidos, y si fuera presidente de los Estados Unidos me gustaría investir solemnemente a cada persona de este mundo con una banda presidencial”.

Compártenos la información de tus eventos culturales.

Por favor ingresa tu comentario
Por favor ingresa tu nombre