Elegía a los postes

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Nadie habrá dejado de advertir, y si lo hizo quedará advertido, tras la lectura de este encomio, que con frecuencia surgen del asfalto sendos cilindros de 8 metros de alto. Dichos cilindros de acabado rústico, sostienen fatigosamente cables de corriente y alambres de telefonía, incluso efectúan sin alarde el sostenimiento de la fibra óptica. Todo lo cargan sin cobrar y sin quejarse de hambre, sueño o desnudez.

Algunos de ellos llevan en su lomo la fotografía de algún ciudadano, o incluso la nostálgica estampa de un perro. Los postes así engalanados cobran a través de los rostros a ellos adheridos una especie de personalidad y de presencia. Por su parte los que no cuentan con ese ornamento, no son ya casi postes, quedando en la categoría de meros cilindros grises, que no tienen nada que decir.

Los postes dotados de rostro nos miran pasar y nos susurran mensajes, nos arrojan papeles y nos instan a escribir sobre ellos. ¿Cómo no rendirles alguna vez un homenaje? Cuando miro sus ojos tristes, a los que la intemperie carcome, me parece que hemos sido ingratos con ellos, creo que ese rostro y ese nombre a ellos adherido los hace ya dignos de compartir con nosotros el título gentil de ciudadanos, pagar impuestos y ejercer el derecho al voto.

Cierto es que los postes zoomorfos, no adquirirán ese derecho tan pronto como los antropomorfos; pero es solo cuestión de tiempo para que se descubran plenamente las bases gramaticales del lenguaje animal, y que estos postes se decidan entonces abiertamente a gozar de las libertades que la democracia otorga, como lo son vestir y calzar, y porque no, elegir un representante en el concejo de la ciudad.

Es razonable este discurso sólo al ver como avanzan hacia su significancia estos seres rectos, insobornables que son los postes. (Yo mismo votaría por un poste si este tuviese la osadía de postularse); pero hay algo inquietante que aún no he dicho, tal vez porque todos lo saben, existe en los carteles, les dan rostro, una o dos palabras que nos llenan de moscas la boca: “Desaparecido” dicen unos, “se busca” musitan otros. Tales condiciones tal vez puedan estorbar el desarrollo de esta iniciativa democrática, pues ha desaparecido el rostro aunque esté presente el retrato, y no sabemos si esto será admisible en los comicios… ¿Con qué cara han de ir a votar los pobres postes?.

Esta pregunta ejerce un efecto nostálgico en el cielo, y cae entonces un aguacero tan fuerte que a varios postes se les corre el engrudo y lenta, agónicamente, se les va diluyendo el rostro al cual ya se estaban habituando.  Y si la lluvia persiste, si no para, el poste volverá a ser simplemente un mueble sin rostro que estorba el trasteo de las mesas por los andenes, algo gris a lo que nadie nombra, un mero cilindro de piedra artificial para sostener los cables.

Pero por mucho que dure la tormenta, saldrá luego el sol, hermanos postes, y nuevas manos humanas, temblorosas de ansiedad y de esperanza, acudirán a ustedes con engrudo y con papel, a colocarles a la altura de su cuerpo en que un ciudadano suele llevar la cara, esto: un rostro, ya de perro, ya de hombre,  y lo mejor de todo, es que junto al retrato vendrá escrito en letras vistosas esto otro: un nombre, y algunos números telefónicos, por si el poste llegaré a perderse.