Notre Musique (2004)

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El 2 de octubre los colombianos tomamos una decisión difícil: desdeñamos la posibilidad de acabar, en parte, con una guerra en la que, a estas alturas, todos somos víctimas. El 2 de octubre 6.431.376 colombianos decidieron decirle NO a los acuerdos que el gobierno colombiano alcanzó con la guerrilla más antigua del continente, las FARC-EP. Yo dije SÍ, pero también me siento responsable por lo que se viene. Porque no nos engañemos, esas 6.431.376 personas tienen sus razones, sienten miedo, angustia, rabia, odio. Y no se están inventando lo que sienten. Sus motivos nos pueden parecer más o menos “correctos”, más o menos “justos”, pero lo cierto es que sienten que esa no era la vía que debía tomar el país y tanto sus sentimientos como su decisión son totalmente legítimos. Pero me pregunto ¿Cuál es entonces la vía? No lo sé. Y aún me siento responsable, aún siento que queda mucho trabajo por hacer. Aquí no ha ganado nadie, después de tantos años de sangre no habrá ganadores. Hemos perdido una oportunidad, pues bien, hay que empezar a edificar otra y otra y otra. Solo quiero recordar algo para quienes prefieren un enfrentamiento militar a una salida negociada (con ellos no estoy de acuerdo) “Ni una víctima ni una derrota… puede ser medida en términos militares.” Jean-Luc Godard dijo eso, hoy lo recuerdo. Hablemos de Notre Musique.

notre-musiqueEstrenada en 2004 y dirigida por el mítico Jean-Luc Godard (Alphaville, Nouvelle vague, Éloge de l’amour), Notre Musique es una declaración estética, poblada de belleza y silencio (de lo silencioso y de lo silenciado). La película tiene una estructura clásica: la estructura de La Divina Comedia de Dante.

La primera parte, El Infierno, es una secuencia de lo más selecto de nuestra barbarie: la antigua crueldad de la colonización, luego: ahorcamientos, racismo, bomba atómica, Vietnam, Estados Unidos, soldados que avanzan veloces por campos en los que siembran una muerte ciega. Cuerpos mutilados, desmembrados, lanzados a las trincheras para morir sin ver a sus verdugos. Todo colonizado por el silencio y la música de fondo, hecho con una belleza clásicamente experimental (quien ve la película lo entenderá).

En la segunda parte, El Purgatorio, se esboza una línea argumental: un grupo de intelectuales reales, entre los que destaca Juan Goytisolo, deambulan por el purgatorio (Sarajevo) y tratan de explicarse los hilos invisibles que mueven la xenofobia, el fanatismo y, en fin, la violencia. En ese marco, Olga, llega a Sarajevo desde Francia para grabar un documento sobre la violencia. A través de Olga asistimos al testimonio de la humanidad actual, dividida (como Colombia ahora mismo) y abrumada por una sed inagotable (e invisible como siempre la sed) de violencia.

Finalmente (y este es el punto), Godard nos lleva a El Paraíso: mientras nos enseñan en primer plano un jardín de una belleza somnolienta, Godard pone el altavoz de una llamada telefónica por la que nos enteramos que Olga ha sido abatida por error, fuerzas israelíes la confundieron con una terrorista y la mataron, así de simple.

Notre Musique es una declaración de Godard: nuestra música es la violencia, la entrada al paraíso está custodiada por un representante de la guerra.

Me niego, sin embargo, a creer que esa, la guerra, sea nuestra música. Notre Musique nos recuerda lo peor de nosotros, pero también nos obliga a buscar dentro, debe haber otra alternativa. Hoy hay que buscar otra alternativa.

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