“Loving Vincent” o el color humano

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La película animada es la invitación a un hecho que de niños solíamos fantasear:  entrar a una pintura y ver cómo cada uno de los elementos que la conforman toman vida y tienen una historia que contar.


Título: “Loving Vincent”
Director: Dorota Kobiela  y Hugh Welchman
Duración: 1 hora y 35 minutos
País: Reino Unido
Año: 2017
Animación

Estamos a un par de semanas de cumplirse  la fecha de fallecimiento de Vincent Willem Van Gogh (29 de julio de 1890),  el pintor neerlandés (Países Bajos)   que recreó su propia forma de ver el mundo y la puso como una imagen imborrable de nuestra memoria colectiva: girasoles, amarillos imponentes, cielos azulados y noches estrelladas.

Respecto a su muerte, solo se debe decir que fue el desenlace de una cadena de episodios personales complejos para él y para su entorno, y que finalmente llevaron al  suicidio. Pero hoy no venimos a recrearles la vida de uno de los pintores más reconocidos de la historia del arte, más bien les queremos recomendar  la película animada – o más bien pintada- autobiográfica de Van Gogh,  uno de los contenidos  potenciales para ver de todo lo que ofrece el catálogo de la plataforma  Netflix, toda una majestad en la oferta audiovisual de  los últimos  tiempos.

 

“Loving Vincent”,  condensa alrededor de 65,000 cuadros que recrean el universo del pintor. La película, dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman, narra lo que sucede un año después de la  muerte del artista, con algunos regresos a sus últimos momentos de vida, y claro, a partir de las cartas que  compartió con su hermano Theo.

Armand, hijo del cartero Roulin, quien aprecia bastante al pintor, es quien vuelve los pasos a su muerte, sus últimos días y la influencia de la gente en él y su obra. La revelación de un hombre frágil, que partía de una  sensibilidad  que se asomaba al mundo con el lenguaje del color y los trazos, y que por lo mismo, se hacía aún más vulnerable para ese mundo.

Pero “Loving Vincent” no para ahí, la película, además de invitarnos a conocer parte del perfil psicológico del pintor, también nos lleva por una remembranza de lo artesanal, las cosas hechas a mano, a pulso, paso a paso –pertinente para la época de lo digital-, gran muestra de ello es la técnica con la que se desarrolló la película, que en un principio sería un cortometraje hecho solo por la mano de su creadora y co directora Dorota Kobiela, pero terminó involucrando en su realización a más de 100 animadores de pintura y  varios directores de arte, entre supervisores y directores de animación, para un producto que configura  más de 65.000 pinturas. Nada mal para un proyecto que en parte  fue financiado por una campaña de  “Kickstarter”, algo así como una vaca para recaudar fondos.

 

Finalmente, Loving Vincent es la invitación a un hecho que de niños solíamos fantasear: entrar a una pintura y ver cómo cada uno de los elementos que la conforman toman vida y tienen una historia que contar.

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