Los tiempos están cambiando, Alfred

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¿Qué es literatura y qué no? Bob Dylan, más reconocido mundialmente como cantante que como escritor o poeta, ha vuelto a trastocar la quietud de las cosas. A mediados de los 60 electrificó el folk, y abucheado continuó su camino. Este año recibe el Nobel de literatura a pesar de tener la balanza en su contra. Es el primer “músico” en recibirlo.

dylanEra muy de madrugada, jueves 13 de octubre, cuando escuché al locutor – asombrado por el mismo anuncio que exponía – que un “cantante” era el nuevo ganador del premio Nobel de literatura 2016. De fondo sus canciones más celebradas: la del viento, la del tiempo, la de las puertas del cielo, entre risas y más asombros, y luego más canciones; “la lista es larga”, decía. Confieso que la noticia de despertar me sorprendió a tal punto que ingresé desde mi smartphone a internet para corroborar la información que a esa hora no tenía la certeza si era el coletazo de un sueño o el inicio de una realidad que abriría tentáculos insospechados. Quizá el viejo Bob ha sido el nobel del que más se ha escrito en tan poco tiempo, de hecho, ya es considerado el más polémico de todos.

Sabía que en años anteriores había sido uno de los candidatos a recibir el galardón, su nombre aparecía entre Kundera, Roth y tantos otros que aún no alcanzan esa gloria, por lo menos para ellos. Pero siempre pensé que dicha nominación era más una formalidad, un gesto, un “por no dejar”, no porque dudara de su dimensión literaria – que fortalece, o viceversa, su genio musical – sino porque presentía que aún para los organismos o personalidades influyentes y declarados a decir qué es literatura, la cuestión era aún insostenible, un riesgo que no esperaban asumir. El tiempo pasa, la circularidad de su ritmo es inevitable, la maduración de los conceptos en algún momento derriba las ideas más obtusas. Dylan supo muy bien eso, en 1963 escribe – ¿o compone? – uno de sus poemas – ¿o canciones? – no hay diferencias abismales – más populares The Times They Are a-Changin ‘:

 

Reuníos a mí alrededor gente,

por donde quiera que vaguéis,

y admitid que las aguas

de vuestro alrededor han crecido,

y aceptad que pronto

estaréis calados hasta los huesos.

Si el tiempo es para vosotros algo que

merece la pena conservar,

entonces mejor que empecéis a nadar,

u os hundiréis como una piedra,

porque los tiempos están cambiando.

Vamos, escritores y críticos,

que profetizáis con vuestras plumas,

mantened los ojos abiertos,

la oportunidad no se repetirá.

Y no habléis demasiado pronto,

porque la ruleta todavía está girando.

Y nadie puede decír

quien es el designado.

Porque el ahora perdedor,

será el que gane después.

Porque los tiempos están cambiando.

 

Bob dylan¿Será Dylan ese ganador? ¿Sin pensarlo estaba escribiendo un discurso para 53 años después? ¿Serán esos escritores y críticos los primeros que salieron a refutar la decisión de la academia? ¿Él lo sabía y lo esperaba? Ante su silencio inicial, quizá estaba diciendo que ya no tenía nada más que decir, a excepción de lo que ya ha escrito. Con ironía finalmente da las gracias y dice quedarse sin palabras ante el reconocimiento. Claro que recibo el premio, es mío, los tiempos están cambiando, Alfred, en los 60 pero también en los 2000. Que el año pasado ganara una periodista el Nobel ya era un indicio de esos tiempos que cambian, de esa literatura que ya es entendida por fuera de la novela o la narrativa de mera ficción. Vuelve al inicio, cuando la gente se contaba lo que veía, y tiempo después el libro solo era el soporte para registrarlo. Es una cuestión de forma, no de fondo. Este año se fue más allá: la literatura es entendida por fuera de su formato más universal y aceptado: el libro. Por eso en el primero hubo reservas pero no un rechazo tan fuerte por parte de muchos que la consideraron al instante una decisión salida de toda sensatez.

Tanto que se le removieron las aguas al escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, ojalá no vaya a condenar esta columna musical por abordar temas literarios. ¿Es posible en Dylan saber dónde termina una cosa y comienza la otra? Las letras de sus canciones muy seguramente harán más volumen que la de muchos poetas laureados si las juntamos en libros, él nos encimó la música. Igual, sin la melodía ya funcionan como poesías, su decisión fue no alimentar el mercado editorial sino la industria discográfica, pero eso no lo hace menos escritor que otros. En la biografía publicada en 1979 por Jordi Sierra i Fabra, nos cuenta que a los 11 años (1952) Dylan – cuando aún lo llamaban Robert – escribe sus primeras poesías, antes que canciones. “La letra es tan importante como la música. No habría música si no hubiera letra —diría muchos años después—. Las letras de las canciones no las escribo simplemente para cubrir el expediente, las escribo para que se puedan leer”.

Es un cultor de la palabra, eso viene primero, y su poesía, como la mejor que se ha escrito, está resuelta desde la musicalidad. Y un versado y consumado lector: “Leía muchos pasajes en voz alta, degustando el sonido de las palabras”, recuerda en Crónicas volumen 1, su autobiografía de 2004.

 

Tanto la guitarra como la máquina de escribir hacen parte de su oficio, es la otra cara, esa misma que siempre nos muestra una y otra vez. Los muchos Bob que siempre ha sido Dylan.

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