Papá Bocó, la vida como un jam session

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Foto: Jess Ar
Foto: Jess Ar

El próximo jueves 21 de julio Papá Bocó lanzará en el Teatro Santiago Londoño su primera producción discográfica Baila mi rumba, canciones de varias épocas que reflejan las múltiples facetas musicales que la agrupación ha adoptado desde su creación en 2008. Santiago Anaya, percusionista y director musical, compartió algunos de los momentos más significativos que ha vivido en este proyecto hecho entre amigos.

Los orígenes improvisados

En Papá Bocó casi todo ha llegado por azar, cierto espíritu de improvisación, de un toparse con ritmos y circunstancias que han dado forma a lo que son actualmente. Nacieron a partir de un jam session, esas reuniones informales entre músicos que con cierta afinidad tocan por simple disfrute; sin partitura ni ensayo previo. Fue en el año 2008 en La Candelaria, un sitio de música latinoamericana en el centro de la ciudad que abría espacio a conciertos de diferentes géneros. La anécdota la recuerda Santiago Anaya así: “en febrero de ese año, Andrés Toscano, Felipe Paz y yo estábamos en casa del primero escuchando vinilos de salsa. Nos llamó la atención un jam session de finales de los 60 que se llamaba Descargas en el Village Gate. Reunía a Eddie Palmieri, Tito Puente, Johnny Pacheco, Ray Barretto, entre otros. Era algo espontáneo y a partir de ahí se formaron muchas orquestas de la época”. En ese momento les surge la idea de convocar a músicos amigos a una noche de improvisación.

Era sábado, hubo publicidad que los mismos músicos pegaron en muros, llamadas al uno y al otro, convocando, y un lleno inesperado del sitio. “No habíamos ensayado nada, llegamos a improvisar, bueno, ustedes saben tal tema, listo, en la mitad solo de saxofón, ¿quién quiere hacer el solo del charango, el del timbal?, hágale. Era así, improvisado”. Los encuentros continuaron, pero querían algo más definido, no tan casual, “tiene que haber un grupo base que prepare los estándares, un punto de inicio”. En ese momento surge Papá Bocó como una agrupación de latin jazz conformada por esos tres amigos que escucharon ese vinilo revelador. Eran Felipe Paz; saxofón alto, Andrés Toscano; trombón y Santiago Anaya; percusión. Al poco tiempo se sumaron tres más: Darío Franco en el bajo, Addison Deivy López en el piano y Felipe Muñoz en el timbal.

Eran los inicios, y después de algunas presentaciones locales a punta de instrumentales deciden meterle letra a las canciones. Entonces montan su primer tema de salsa cantado, al tiempo que retoman con nuevos arreglos tres temas de Linaje: Cambiaré, África y Mi Buenaventura. Un primer repertorio que los ha acompañado hasta hoy. Linaje era la agrupación instrumental en la que tocaban Anaya, Paz y Toscano, con cierto reconocimiento por sus múltiples participaciones en el Festival Petronio Álvarez de Cali. Estaba a punto de desaparecer, aunque en ese 2008 y en el mismo festival ganó en mejor arreglo musical por la adaptación que Felipe Paz hizo de Mi Buenaventura, composición original de Petronio Álvarez.

Fue el año de la revelación, la transición y la búsqueda: “con esa experiencia sentimos también que la música del Pacífico debía ser incluida en nuestra propuesta musical, junto al latín Jazz, fusionada, con toda la exploración del caso”.

Baila mi rumba es en definitiva un disco que nos acerca al Pacífico y resume la búsqueda de una agrupación que sin renunciar a su esencia ha seguido un camino en constante zigzag.

El recorrido entre géneros

La presencia de Papá Bocó en festivales ha sido notable. Han llegado a tantos como les ha sido posible gracias a su propuesta diversa en por lo menos tres líneas musicales: latin jazz, salsa y música tradicional del Pacífico, todo esto, como una especie de coctel que se prepara en la barra para servirse al instante, fusionado con otros ritmos como el rock, el funk, el reggae, el rap o cualquier otro que les salga al paso. SeviJazz, Ajazzgo, Concierto Nacional, Bandola, Mono Núñez (grupo invitado), Petronio Álvarez (en 3 ocasiones), Versalles, y en Pereira, Fiesta de la Música, Convivencia Rock y Festival Sinfónico, por mencionar los principales.

 

 

Pero fue su participación en 2012 en Barranquijazz que les demostró de nuevo un camino a seguir. Después de obtener el segundo puesto durante la ronda eliminatoria, fueron incluidos en la programación oficial como grupo invitado. En el primer momento se midieron ante músicos emergentes, pero “exigentes, de mucho nivel en La Costa”, y en el segundo compartieron tarima junto a agrupaciones de alto nivel, nacionales como extranjeras. “En este evento comenzamos a definir el sonido y formato”. De nuevo el azar y la improvisación los colocaba en paradoja con su propia obra: “no teníamos montado un concierto completo de latín Jazz pero si música cantada. Nos llevamos a Edwin Hoyos, que siempre ha sido nuestro cantante principal, ensayamos, y de tanto darle a esos temas fue cuajando. El repertorio fue una mezcla entre canciones cantadas y latin jazz instrumental, además de una composición propia que debíamos presentar, fue un punto donde la mixtura se dio, debíamos tener un cantante, elementos de jazz y de fusión. Tocó irnos por esa vía y nos gustó”. Quizá se sintieron más cómodos cubriendo varios frentes y buscando sus relaciones, que definiendo una sola vía en la interpretación y la composición. De esa forma se los había mostrado la vida y la propia experiencia.

Entre maestros y amigos

 

Recoger de aquí y de allá, como esas bolas de nieve que al rodar van creciendo y ganando velocidad y peso, ha sido la constante de Papá Bocó. Llegaron de Barranquijazz con la idea de hacer el tipo de música que habían encontrado allá. También sentían que era el momento de crear, pero “había una especie de confusión, no sabíamos cuál de todos los géneros nos representaba. Yo tenía un latín jazz, Edwin los temas cantados, y así. Era una tensión entre dos líneas musicales”. Y esa es precisamente la esencia que recoge el disco, suena a muchas cosas conocidas pero no se relaciona directamente con nada, “eso identifica a la gente con nosotros”.

Se han definido en esta producción por los temas cantados y algunos ritmos del Pacífico (bunde, currulao, porro chocoano, abozao) y la salsa (bomba, ritmo de son, timba) con sus respectivas fusiones, fruto de un trabajo académico de investigación por parte de algunos de los integrantes. “Es un primer momento. Aunque no queremos dejar de hacer la música instrumental en vivo, es nuestra esencia, la que siempre va a estar. Según como se vayan dando las cosas nos vamos para un lado o para el otro”. Esa tensión, quizás, es producto también de lo que han escuchado. Influencias, “amigos en el camino”, de músicos que optaron por esas mixturas como Eddie Palmieri, Poncho Sánchez, Eddy Martínez y Joe Arroyo, “de este último tratamos de seguir esa mezcla de ritmos que hacía”. También suenan ecos de Ray Barretto, Herbie Hancock, y en esa misma línea clásica, los colombianos Héctor Martignon, Antonio Arnedo y Francisco Zumaqué. No dejan a un lado los nuevos ritmos colombianos: Jacobo Vélez, Puerto Candelaria y Herencia de Timbiquí en su etapa inicial, Maite Hontelé, Hugo Candelario, Baterimba, el risaraldense Julián Salazar con sus proyectos Mitú y Bomba Estéreo. Y para Anaya, el más grande de todos, Yuri Buenaventura, con quien han podido establecer una bonita amistad. Si uno pudiera mezclar todos esos sonidos a modo de recetario, muy seguramente el resultado sería Papá Bocó, listo para ser digerido.

Baila mi rumba

 

Baila mi rumba es en definitiva un disco que nos acerca al Pacífico y resume la búsqueda de una agrupación que sin renunciar a su esencia ha seguido un camino en constante zigzag. Recoge composiciones y adaptaciones de diferentes épocas, celebra la rumba pero incluye profundas referencias académicas de unos conocedores del folclor que han aprendido que la mejor manera de preservarlo es llevándolo a otras dimensiones sonoras. Es un viaje, una expedición, un alto en el camino. De las 9 canciones del disco 5 son composiciones de Papá Bocó con letras de Edwin Hoyos: Baila mi rumba, Mi canoíta, Otra oportunidad, Cúñala y Canto negro pa bundiá. El resto son adaptaciones de temas traídos desde la época de Linaje y Lumbalú: Sin consuelo, Cambiaré y África. Y la reconocida versión de Mi Buenaventura del gran Petronio Álvarez con arreglos de Felipe Paz.

 

Es también un álbum hecho en grupo: “entre todos le damos forma, esto no cuadra, aquello no rima, y así vamos armando el ritmo de la canción o encontrándolo de acuerdo a la letra, bien sea a partir de la percusión o de la guitarra o el canto”. Es una producción local, autónoma, con recursos del grupo. Han pasado 8 años, desde ese vinilo que escuchaban casualmente al prensaje de su primer cedé. Ya son nueve integrantes y un formato instrumental más amplio: Cristian Camilo Arias; trompeta, Felipe Paz; saxofón alto, Andrés Toscano; trombón, Víctor Castrillón; Piano, Daniel Cardona; tres cubano y percusión (bombo de chirimía), Camilo Trejos; bajo, Sebastián Trejos; batería, vibráfono y marimba, Edwin Hoyos; voz y Santiago Anaya; percusión y dirección artística. Han ganado un público que demostró en su concierto tributo a La Fania su total admiración y agradecimiento, “finalmente eso es Papá Bocó, una especie de chamán que ayuda a la gente con magia”. En Pereira la leyenda se cumple pero a ritmo de rumba y goce.

El disco celebra la rumba pero incluye profundas referencias académicas de unos conocedores del folclor que han aprendido que la mejor manera de preservarlo es llevándolo a otras dimensiones sonoras.

Caratula oficial del disco.

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