Discurso de inauguración

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Este día me encontró desde antes del amanecer con unas ganas increíbles de inaugurarme puente. La aurora hubiese sido mi hora elegida y no es que me excuse en ello, pero ya estaba próximo a iniciar el acto cuando en plena madrugada noté que había en mi casa el charco de una inundación, y tuve que posponer mi evento inaugural, para ir de urgencia a cerrar llaves de paso y levantar objetos en riesgo de ahogamiento.

El día marchó muy bien, como si fuera todo planeado: asistí en calidad de estudiante a seis horas de clase dictadas por mí. Me felicité sinceramente por las clases. Asistí a dos conciertos de rock. Vi realmente sonreír a una mujer y vi realmente llorar a otra. Comí un helado de coco. Pero aun así, entre uno y otro acontecimiento, la verdad es que no pude inaugurarme puente. El cronograma, pensé escribir más tarde, es un collar de asfixia en el que cuesta intercalar un acto solemne de inauguración con discursos y cintas coloridas, para cortar con vistosa tijera. Solo deseo esa brillante tijera cortando mis cintas de colores de una vez y para siempre con un sonido triunfal.

Me dicen unos y piensan otros que llevo ya mucho tiempo ejerciendo oficio de puente, como para venir a inaugurarme a los 36 años. Yo les contesto que es un derecho inalienable de todo puente inaugurarse en cuanto pueda, no obstante que transcurriera un siglo. ¿Se imaginan?: el gran acto, las alocuciones, los asistentes cubriéndose las cabezas calvas, ya del sol o de la lluvia, con hojas impresas, los fotógrafos ansiosos de tomar la mejor foto para publicar en sus papeles ¡ah! Cortar mi cinta colorida bajo el sol de mi día o la menguante de mi noche. Pero el cielo oscureció entre titubeantes tentativas, entre planes y no pude, por más que lo quise, inaugurarme puente. Me dicen o piensan: ¿para qué sirve inaugurarse puente?

Y sin duda suponen que yo he de declararlo llanamente en este instante, pero no, lo sabrán en primicia, sólo aquellos que acudan al acto de mi triunfal apertura, pues dicha utilidad estará encarecida por el discurso inaugural que pronunciará ya el señor alcalde, o bien el presidente, o algún otro actor que para el acto se me preste.