Martín Abad, el artista que envejeció niño

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Foto: Jess Ar

Portada: Jess Ar

Niño explorador con barba

que corta pedazos de nube

para que las cometas

tengan un cielo alcanzable.

 

Confidente de la humedad

y de los cebollales

que le ven caminar desnudo

añorando un poco más de vida.

 

Naciste niño y has envejecido niño.

Este fragmento pertenece a un texto que leí en julio de 2002 para la apertura de La Cuadra Talleres y que titulé Homenaje a Martín Alonso Abad Abad. Procedente de Jericó, Antioquia con formación en arquitectura es, sin duda, uno de los máximos exponentes del arte contemporáneo pereirano.

Dice Manfred Max-Neef que el acto creativo comienza cuando somos parte de algo, cuando penetramos profundamente en algo, cuando logramos integrarnos sinergéticamente con amor. Martín es de aquellas personas que concibe el arte como un ejercicio que pertenece al conjunto de la vida, que está en relación con el vivir. Por eso en sus apuestas creativas el azar, lo natural, lo cotidiano, lo olvidado y lo encontrado han ocupado un lugar dentro de su pensamiento plástico visual.

Foto: Javier Ríos.
Foto: Javier Ríos.

Algunas de sus obras han emergido como historias tridimensionales, otras han hallado en medios no convencionales la manera de significar. En lo tridimensional por ejemplo, apremia la capacidad de síntesis como el elemento que pone a las imágenes a circular por lecturas poco habituales, las de la imaginación. Y aquí es cuando vienen a la memoria “La cometa” y el “Árbol arma”. La primera es una escultura en hierro de pequeño formato que sintetiza el movimiento de un objeto que carece de peso y que remite a la infancia; y la segunda, es una serie de seis esculturas con forma de árboles hechas con armas corto punzantes mediante las cuales, el artista propone otra manera de integrar el arte a la vida: transforma la función práctica de los machetes y los cuchillos en función estética en tanto los convierte en ramas, hojas y flores de los árboles. “Árbol arma” lleva en el espacio público alrededor de 20 años y todavía hay quienes no se percatan de su existencia.

Martín es un creador que —como diría Max-Neef— no es de los que hace arte, sino de los que son artistas. La diferencia radica en que los que saben hacer arte no siempre llegan a ser, porque para ello se requiere de un esfuerzo mayor que consiste en dejar de vivir fragmentados y alejados de todo aquello con lo que podemos potenciarnos. En ese sentido, su trabajo es una muestra de comprensión y de amor por la libertad que tiene por base la curiosidad por la vida, por la naturaleza y por los otros, y cuya principal virtud como artista es haber envejecido niño.

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