Líbrame del dinero fácil

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Caricatura: Mheo

¿Sabe usted dónde está David Murcia en estos momentos? Responder esta pregunta implica hacer un ejercicio de memoria. David Murcia Guzmán es el astuto empresario que construyó un efímero imperio con las iniciales de su nombre sin casta financiera: DMG. Le enseñó a la gente a trabajar de un modo bastante relajado: solo bastaba que el trabajador potencial hiciera una larga cola en alguna de las muchas oficinas de DMG para invertir dinero, o para pedir que le pagaran los intereses del dinero que había depositado en la empresa sostenible DMG. Fácil.

 

Murcia Guzmán convirtió el sistema de las pirámides en un Egipto de posibilidades financieras, en un país donde todos soñamos con ganarnos el Baloto y así poder gritar: “¡Desde hoy no trabajo más!”. Con su cola de caballo y su aspecto de ágil mensajero de una fiduciaria, Murcia enseñó cómo ensillar el dinero y cómo hacerlo cabalgar en los hipódromos de la especulación financiera. Como Bernard Madoff, como Tomás Jaramillo y Juan Carlos Ortiz del Fondo Premium. Nadie podía desconocer que el hombre hablaba como asistente de banquero y como banquero respondía a las obligaciones financieras adquiridas con sus clientes iniciales. El problema surgió cuando las pirámides empezaron a acrecer, a crecer y a convertirse en una babel donde el idioma en que podían comunicarse los afectados era el del tumbis, una mezcla de dos dialectos próximos, en sonoridad y reglas básicas gramaticales, al lunfardo y al parlache, que es como suele hablar Fernando Vallejo a su público sobreexcitado, endeudado.

 

Caricatura: Mheo
Caricatura: Mheo

Observen el perfil de este rey Midas de Ubaté, en la caricatura de Mheo. Tiene las manos esposadas, lo cual quiere decir que el dibujante traza el momento en que Murcia es capturado y solicitado en extradición por el gobierno estadounidense, acusado de lavado de activos. Era 2010. Murcia tenía su carisma, hay que decirlo. Tenía su ambición y parece que proyectaba bien las cosas, pues su gran familia le hacía interminables colas en sus oficinas para depositar dinero a término fijo, a cambio de recibir tres o cuatro veces lo que suelen ofrecer los banqueros a sus clientes. Su empresa era una gran familia de empresa solidaria.

 

Para Mheo, los integrantes de esa gran familia son incautos y perplejos marranos. Lo de perplejo en realidad era una actitud final, de enfado e impotencia, cuando los clientes porcinos iban a preguntar por su dinero (valga la cacofonía) depositado y por los intereses prometidos, mientras Murcia recorría las calles de Panamá en sus coches lujosos, más contento que un marrano estrenando lazo. Entonces todo empezaba a oler mal, como en esas cocheras donde los marranos se alimentan en medio de grandes familias de cochinitos embaucados.

 

Ahora no se habla de pirámides sino de libranzas. Pero da igual: es el mismo sistema iluso financiero, es la misma dinámica de multiplicar el dinero con el dinero de los otros, en especial los que están en la base de una pirámide engañosa. Es la misma cochera con otra fachada. Y ya no se habla de DMG sino de Estraval, de Elite, de Telar de Mujeres, en fin: como dice la sabiduría popular: “Primero se acaba el helecho que los marranos”.

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