De críticas ligeras

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Fotografías: Jess Ar

Fotografías: Jess Arr

Se llevó a cabo la primera versión del Festival Internacional Eje Rock el pasado domingo 14 de agosto. Y a pesar de algunos comentarios encaminados a crear una atmósfera negativa antes de su realización, el evento se desarrolló sin mayores problemas, respondiendo a las expectativas mucho mejor de lo que algunos esperábamos.

Después de dos años Pereira volvió a tener un festival de rock, al aire libre, gratuito y con recursos públicos. 8 agrupaciones (2 locales, 2 nacionales y 4 internacionales) se presentaron en el Obelisco de la Villa Olímpica; un lugar que tiempo atrás albergaba conciertos de este tipo y que prácticamente había salido de nuestro mapa de posibles escenarios para este tipo de circuitos.

El evento se realizó sin inconvenientes, salvo los generados por el limitado presupuesto con el qué contó, y que según los organizadores no superó los 50 millones de pesos. Limitado si comparamos los ceros a la derecha de otros festivales como Convivencia Rock o Manizales Grita Rock, por nombrar los más cercanos, los de la región. Inconvenientes que no trascendieron a mayores, al contrario, y en mi caso particular, y tal vez le sucedió a otros, me dejó la sensación que se hizo mucho con lo que había. Además ante cada posible problema la respuesta fue un contundente acto humano de esfuerzo y dedicación por sacar adelante un nuevo festival que se mantenga en el tiempo, algo que no hemos logrado después de múltiples intentos.

El sol en esa tarde de domingo pegaba muy fuerte, pero todos allí, los de sonido, los de logística, los de las luces y el video, todos los que de una u otra forma estaban aportando para su realización, expresaban en sus rostros sudorosos y rojizos – hablé con algunos – la esperanza convincente de que por fin se gestaría algo que superara las voluntades políticas, las 3 o 4 versiones y quede como un encuentro fijo, año tras año. Puede ser, el camino está por recorrer.

Si uno entiende lo que significa contar con 50 millones para la realización de un festival con 4 bandas internacionales, aplaudiría la labor hecha en esta primera versión que se hizo con un sonido a la altura de grandes eventos, una exigente puntualidad en los horarios, zona de prensa equipada a la medida de las circunstancias y una tarima – que sin desbordar en tamaño y amplitud como otras que hemos podido ver – funcionó y la hicieron funcionar de la manera más acorde para cada banda. Me quedó la sensación que lo ofrecido al público asistente fue lo mejor posible según lo que había. Me quedó la gratitud que lo que vimos y escuchamos surgió de un acto honesto, consecuente a una pasión que los organizadores han compartido por años como socios y amigos. Y ellos saben que ese nivel de producción alcanzado ha sido un proceso de décadas, de intentos fallidos, de aprendizajes a la fuerza, de lo que otros han asumido y arriesgado en el pasado con sus propios festivales y conciertos. El Convivencia Rock ha sido el punto más alto que hemos tenido y ojalá logre gestarse de nuevo, por el bien de la música y de la oferta cultural de la ciudad, pero eso no significa que otros no puedan venir a aprender, a aplicar lo suyo, a tomar lo bueno, a dejar lo malo y construir su propio sueño en una tarima y con un público cómplice. De igual forma pasaría si el Eje Rock dejara de existir en una o dos versiones más.

Por eso me pareció de mal gusto el papel que desempeñó un sector de la prensa y de conocidos fanáticos del rock que criticaron el festival sin argumentos de base, – sin aún bajarse la primera banda del avión – solo con la mala lecha de una pasión que no logro terminar de entender: ¿si la música es lo que los mueve y hace felices por qué no recibir con esa misma energía la noticia de la realización de un nuevo festival en la ciudad? El interés particular nuevamente prevalece sobre el bien general. ¿Cómo es posible que un reconocido periodista de la ciudad haya dicho ante el anuncio del cartel que esas bandas las conocía solo la “mamá del Chavo”? Bajeza, irrespeto y trato desconsiderado e ignorante con los muchos años de trabajo, experiencia y conocimiento en la música que acumula Leo Pinzón, director artístico del festival. Yo le pregunto al periodista: ¿Será que sus conocimientos de rock son tan profundos para emitir con autoridad un juicio de ese talante? ¿Será que cuando anuncian los carteles de Rock al Parque, Estéreo Picnic, Convivencia Rock y hasta Lollapalooza, él conocerá a profundidad el total de las bandas anunciadas? ¿Tendrá y escuchará sus discos?

Como esas fueron otras las críticas ligeras a las que se enfrentaron los organizadores del Festival Internacional Eje Rock en su primera versión. Estoy a favor de las críticas, construyen y rectifican el camino, pero no de las ligerezas que se publican o dicen al aire movidas solo por el interés personal, dejando en entredicho el oficio periodístico, la verdadera labor de informar y emitir criterios sustentados.

No se les olvide que un festival es también una oportunidad de conocer (público) y darse a conocer (músicos), oportunidad que deberíamos aprovechar en vez de indignarnos por las redes sociales o hacer comentarios sin fundamento. Si solo las conoce la mamá del Chavo, pues vamos a conocerlas y a juzgarlas después de escucharlas. Así debería ser.

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