Cuestión de pandebono

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El Croni estaba depre pues había acompañado a su mujer al aeropuerto de Palmira y ella se había ido de vacaciones. Para amortiguar el bajonazo había comprado pandebonos recién horneados, pues “Las penas con pan son menos” (Cantinflas, 1950). Subió en un destartalado Expreso Trejos y encontró una silla al lado de una señora que con dificultad se giró sobre su trasero para darle paso hacia la ventana.

Mirando por el vidrio disimuló sus ganas de llorar y evitó abrir la bolsa pues no es bueno comer casi llorando. Así que apretó y tragó saliva. La señora del lado bajó en El Placer. Cuando el lugar de ella se llenó de brisa se dio cuenta de que estaba solo y podía llorar. Entonces lloró un rato. Miraba entre esa luz de psicodelia que produce el sol del valle pasado por los ojos encharcados, hasta que escuchó en la radio ese corito: “eso es cuestión de pandebono” (Niche, 1991). Cogió la bolsa y la sacó, no lo podía creer ¡Estaban todavía tibios! Las lágrimas se secaron mientras empezó a comer consoladoramente.

En ese momento un man robusto se le sentó al lado. El Croni se limpió la cara con una servilleta y le ofreció pandebono al nuevo compañero. El man lo miró con sospecha pero al final aceptó. Los dos venían para Pereira y se pusieron a parlar, comían pandebonos y opinaban sobre el clima y otras cosas hasta llegar a la carreta del trabajo. El Croni se declaró escritor, y el man dijo ser policía ESMAD. Ups! Dijo el Croni para sí: “Es que me da cosa” (Chapatín, 1983). Él dijo que venía del Cauca, y ante las preguntas afirmó que había tomado ese empleo por no tener más opción, que a todos los sacan de su tierra natal para que no les importe golpear a la gente porque no son familia. Que durante meses de entrenamiento habían sido “gaseados” con lacrimógenos y que con el tiempo no sentían ya nada en los ojos.

El Croni indagó: tras un atroz entrenamiento aquel man había estado reprimiendo protestas, golpeando personas desarmadas, pegando en ocasiones a mujeres, niños o ancianos, había recorrido ciudades vistiendo su armadura negra, arrojando gases y siguiendo órdenes sin chistar. El man veía esto como un trabajo duro pero honesto. En su charla el Croni quería saber si aquel robusto organismo experimentaba alguna duda, alguna inquietud moral, en síntesis, el Croni buscaba alguien capaz de reflexión ética ahí adentro y no lo encontró.

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