Casi plagio

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En cierta ocasión el croni estaba escuchando la charla de un cronista con todas las letras, uno que de verdad escribe crónicas completas de más de 500 palabras, uno que cuando escribe algo la gente luego comenta, de esos cronistas buenos que cuentan historias alegres, graves y funestas. Era Salcedo Ramos el que hablaba de su oficio y contaba historias a las atónitas (y bonitas) estudiantes de periodismo. Bueno ¡ajá! y entre tanto bla bla bla el tipo se manda un cuento costeño, de esos que nadie es capaz de olvidar… y ese cuento se le queda dando vueltas al croni en la cabeza… Días y días rondándole la cabeza… “Que me escriba” dice el cuento, “no puedo escribirte, eres un cuento de Salcedo Ramos”. “Que me escriba, soy de dominio público” insiste la historia “que lastima me da / pero tú eres ajena”, responde el croni cantando merengue. “Que me escriba y no se va a arrepentir” insiste el chisme “ay, pero que pegajoso…” contesta el croni como quién no quiere la cosa… Un día viéndose ya en desparche, al croni se le ocurrió practicar sobre el cuento un sencillo hechizo en versos octosílabos “a ver si así me deja tranquilo y me logro librar de su encantamiento”, entonces para mal o para bien, y con un saludo confianzudo al cronista con todas las letras, salió esto:

 

-Pásela sin devolver-

 

Y era el croni quien venía
con la diarrea más potente
bajaba por la avenida
después de cruzar el puente.

 

Lleva una mano en el vientre

con la otra se sostiene,

ya no puede contenerse

ya casi no se contiene.

 

Sin más se mete al casino

pide clemencia al que cuida:

“si usted hoy me presta el baño

le agradezco de por vida”.

 

El cela mira al mancito

le dice entre tierno y grave:

“no le presto mi bañito

porque está dañado, llave”.

 

El croni ruega y se estruja

hay algo adentro que empuja,

y el celacho preocupado

previendo el mármol manchado…

 

Saca una chuspa y le dice:

¡entre al baño y no lo ensucie:

en la bolsa se lo lleva

y a dejarlo no se atreva!

 

Verde el croni entró en el cuarto

y soplaron vientos, hartos.

pero al fin salió rosado

componiéndose el peinado.

 

Los manes de aquella moto

le vieron salir sonriendo,

con la bolsa en una mano

al celacho bendiciendo.

 

Una cuadra habría andado

cuando oyó rugir detrás

el motor de aquella moto

y un grito feroz, voraz:

 

“Hijuetantas, malparado

quédese quieto y callado,

pase la bolsa o lo mato

deme la bolsa o disparo”.

 

El croni trémulo y verde

y con mano sudorosa

al que tanto así la quiere

le entregó pronto la bolsa.

 

Los manes se van tronando

tras de sí dejan los humos

y el otro se queda riendo

por esa suerte de algunos.

 

(Derechos reservados por el croni)

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